EL NACIMIENTO DEL TERAPEUTA SISTEMICO. EL TRABAJO DIRECTO CON LAS FAMILIAS DE ORIGEN DE LOS TERAPEUTAS EN FORMACIÓN

El nacimiento del terapeuta sistémico. El trabajo directo con las familias de origen de los terapeutas en formacion

Publicado en Redes 34, Diciembre de 2016

Alfredo Canevaro , Yael Abeliuk, Marcelo Condeza, María Alejandra Escala, Gabriela García, Juana Montes

“So soltanto che faccio ciò che posso per esprimere ciò che provo davanti alla natura, e che più spesso, per arrivare a rendere ciò che sento vivamente, dimentico del tutto le regole più elementari della pittura,se ne esistono qualche volta”


Claude Monet a Geffroy, 1912.


1. INTRODUCCIÓN

Solamente en los primeros escritos de Bowen (1978) se hace mención a un trabajo directo con los familiares de los alumnos en formación cuando el dirigía simultáneamente la docencia y la terapia familiar nuclear de algunos de sus alumnos. Este ilustre pionero de la investigación multigeneracional con motivo del primer encuentro de la National Family Conference en los Estados Unidos en marzo de 1967, durante una comunicación presentó por sorpresa la investigación acerca de su propia familia de origen, luego publicada con el nombre de Anonymous. Después comienza a utilizar con los alumnos la técnica de mandarlos a que se encuentren con sus propias familias de origen, con la tarea de hablarles desde la “I position”, para conseguir de este modo destriangularlos de sus problemáticas y favorecer su propia diferenciación. Tras esta experiencia observa que estos alumnos son más competentes para resolver los problemas en sus familias nucleares que los otros que hacían una psicoterapia familiar nuclear con el mismo Bowen. Dice el propio Bowen (1978): En 1971 trabajar con las propias familias de origen ha sido una de las partes más importantes del programa de formación… Ningún desarrollo ulterior, como éste, en casi 25 años de trabajo en terapia familiar y en investigación ha cambiado tanto, a mi y a mi método (Introducción en Family Therapy in Clinical Practice. Jason Aronson New York). Algunas experiencias descritas en este libro hablan del trabajo con las familias de origen de los alumnos, presentándolas como “normales”. No es infrecuente, sin embargo, que muchas de las familias de los alumnos tengan problemáticas que a menudo motivan la elección profesional del futuro terapeuta. Las dificultades en las familias de origen de los mismos terapeutas, que están, a menudo, en la base de su elección vocacional, hacen que haya también una reticencia y un temor, a veces racionalizado, de sumergirse demasiado profundamente en las complejidades de los sistemas familiares disfuncionales. Al doble mensaje de la familia del terapeuta: “Infórmate bien para poder resolver nuestras dificultades psicológicas, aun cuando con nosotros no podrás”, sigue el doble mensaje de las familias de los pacientes: “Alívianos de nuestros sufrimientos, pero sin cambiarnos”. Al desafío existencial del primer doble mensaje se sobrepone el desafío técnico del segundo (Canevaro, 2003). Cuando los alumnos en formación eligen realizar un proceso psicoterapéutico individual simultáneamente con esta formación, se colocan en una posición particular. De hecho, mientras realizan su propia terapia, aprenden “a escondidas” viviendo en primera persona situaciones que luego les servirán como aprendizaje para tratar a sus propios pacientes. Así como los alumnos en formación se curan “a escondidas” con sus propios formadores. Revivir en el setting formativo emociones referidas a sus grupos primarios hace que la formación se constituya en una experiencia significativa de la vida de los psicoterapeutas, colocando a sus formadores en posiciones a veces incómodas; tanto, que a menudo se producen acting-outs que poco tienen que ver con la experiencia formativa en un sentido amplio. Existen situaciones en que los alumnos piden ayuda a los formadores para afrontar urgencias psiquiátricas que involucran algunos miembros de sus familias de origen, obviamente depositando la confianza en ellos. Todas estas vicisitudes raramente se explican y forman parte de las cosas no dichas de las escuelas de formación. Este es el vacío que el presente trabajo contribuye a llenar, describiendo una experiencia de trabajo multifamiliar con alumnos de terapia familiar del Instituto de Terapia Familiar de Santiago de Chile y sus familias de origen.

MARCO TEÓRICO

Para la descripción del marco teórico de esta experiencia se utiliza parte de la tesis postítulo presentada por M. Condeza y M. Alejandra Escala (2008) en el Instituto de Terapia Familiar de Santiago de Chile, patrocinada por la Prof. Paz Canales y que ganara el premio 2008 de dicho instituto: El presente trabajo se llevará cabo a la luz del modelo de entrenamiento para terapeutas en formación de Alfredo Canevaro, el cual se construye sobre el supuesto de que serían no sólo las habilidades teóricas o técnicas las que determinarían una diferencia cualitativa en los procesos terapéuticos, sino más bien la visibilización y la elaboración de los conflictos con su propia FO, entendida ésta como un recurso para la integración de su Self Personal y Profesional. De esta manera, emerge la necesidad de poder desplegar procesos que conlleven al autoconocimiento en relación a la familia de origen. […] Su modelo de entrenamiento está centrado en la importancia del trabajo con la familia de origen, y el estudio del Self Personal y Profesional del terapeuta familiar, se puede comprender desde dos focos teóricos complementarios. El primer foco de nuestra investigación se nutre de la importancia de la FO [Familia de Origen] en el proceso de entrenamiento de los TF [Terapeutas Familiares]. Éste comprende dos enfoques. Desde la propuesta de Harry Aponte con respecto a la persona del terapeuta y el entrenamiento de las habilidades internas de éstos; y desde la perspectiva de J. Framo en relación al trabajo terapéutico con las familias de origen en cuanto a que el límite entre el trabajo con familias y las propias relaciones familiares del terapeuta son difusos y permeables. La relevancia del trabajo con la familia de origen que encontramos tanto en Aponte como en Framo hasta llegar a los aportes de Canevaro, han puesto el acento de diferentes maneras y ocupando diferentes puntuaciones en el trabajo con la FO como fuente inestimable de recursos para resolver las problemáticas en la propia familia y de cómo este proceso ayuda al ejercicio profesional. Luego, desde lo familiar, incluiremos los aportes de Murray Bowen en cuanto a la diferenciación de la familia de origen desde dos miradas inclusivas. Desde lo conceptual, sus aportes en cuanto a que el foco de la terapia sería poder trabajar desde los sistemas familiares en pos de mejorar el nivel diferenciación del si mismo, ya que todos poseeríamos un si mismo apenas diferenciado o tendríamos un apego emocional no resuelto; complementariamente, y a partir del planteamiento anterior, su propuesta en torno a un trabajo con los terapeutas en formación en favor de que éstos transiten por el mismo camino que sus pacientes, es decir, que a través del trabajo con sus propias familias de origen los terapeutas puedan trabajar su propio nivel de diferenciación del si mismo. El sentido de lo anterior puede comprenderse desde la tensión continua entre la perspectiva intersubjetiva y el enfoque sistémico relacional en relación al concepto de diferenciación. La visión intersubjetiva de Benjamín se centra en la estructuración del aparato psíquico y el desarrollo de la mutualidad como un proceso dinámico entre uno y otro que va configurando el propio self y el reconocimiento del otro (madre, padre, hermano u otro significativo) como un centro equivalente de experiencia. Y es justamente aquí donde se comienza a ensamblar con los aportes de la visión sistémica de las relaciones en la FO y el proceso de diferenciación expuesto por Bowen. En este punto pensamos que la visión intersubjetiva de Benjamín no es contrapuesta, sino que complementa la visión sistémica del proceso de diferenciación de la FO. En este sentido, nos aporta una visión binocular, al ver por una parte cómo se desarrolla el reconocimiento mutuo con nuestros padres en cuanto proceso intersubjetivo, y cómo el visibilizar y resolver las problemáticas relacionales en el seno de nuestra FO facilitaría el proceso de diferenciación. Creemos, que lo anterior no hace más que ratificar el proceso de confluencia de algunos aspectos de la teoría psicoanalítica y relacional dentro del desarrollo de la psicoterapia. Finalmente, podemos decir que la integración entre el concepto de diferenciación (ya sea desde el proceso intersubjetivo o desde una mirada relacional) y la relevancia del trabajo con la FO en el entrenamiento de terapeutas en formación convergen y se articulan en un modelo que pretende desarrollar la integración entre el Self Personal y Profesional de éstos. Es decir, el trabajo con las FO otorgaría a los TF un mayor grado de diferenciación, lo que se vería reflejado en un mejor manejo del ejercicio clínico y viceversa. […] Creemos que entender cómo, en el seno de nuestras primeras relaciones significativas, se va estructurando el propio self y de qué manera este proceso que no sólo aparece como intrapsíquico, sino además como relacional, ha sido un aporte al momento de plantearnos acerca de qué es lo que están dando cuenta los relatos, qué les sucedió durante y posteriormente a la experiencia del TFO a cada uno de los TF. Sin duda, los aportes teóricos de Canevaro en cuanto a su distinción del Self Personal y Profesional, y a su proceso de integración de éstos ha atravesado todo nuestro análisis, unido a los aportes de Framo, Aponte, Bowen y Benjamín. (Condeza y Escala, 2008, p. 14 y ss).

1. LA PERSONA DEL TERAPEUTA Y EL TRABAJO CON SU FAMILIA DE ORIGEN

A continuación se expondrá el pensamiento de A. Canevaro y a partir de esto las ideas de H. Aponte y J. Framo. El primero pone el foco en la relevancia de poder desarrollar como terapeutas tanto las habilidades técnicas como la elaboración de las experiencias personales en el trabajo con familias. El segundo, desde el reconocimiento del delgado límite que existe entre la familia de origen y las familias con las que trabajamos en sesión… “el lado personal de un terapeuta de familia” (Framo, 1996).

1.1 ALFREDO CANEVARO: EL SELF PROFESIONAL Y EL SELF PERSONAL DEL TERAPEUTA.

A. Canevaro centra sus investigaciones y estudios a partir de los fracasos terapéuticos y supervisiones que ha realizado a lo largo de cuarenta años de trayectoria. En este marco, el entrecruzamiento entre la vida personal del terapeuta y su desempeño profesional se ha transformado en figura dentro de un fondo que contiene una larga y compleja formación, el desarrollo de aptitudes terapéuticas, el estudio de modelos teóricos y la familia de origen de los terapeutas. En el quehacer del terapeuta familiar existen dos capacidades fundamentales y complementarias: la capacidad operativa y la capacidad relacional. La primera se refiere a la fe en sí mismo, la claridad, la facultad de llevar a cabo un buen joining y la posibilidad de una adecuada estimulación de la interacción. La segunda trata de la “empatía, del humor, de la calidez y de la integración afectivo – comportamental… Dice Alexander que la capacidad operativa sin lugar a dudas es importante para desarrollar un proceso terapéutico, mas la capacidad relacional haría la diferencia entre un resultado mediocre y un resultado excelente” (Canevaro, 2003, p. 8). Ambas capacidades se articulan determinando una adecuada interacción entre el Self Profesional y el Self Personal del terapeuta (véase Figura 1), definido por Canevaro “como el entrecruzamiento de diversos sistemas en interacción que contribuyen a formar un mapa complejo en el cual la conexión armónica entre las partes es fundamental” (Canevaro, 2003, p. 9). El Self del Terapeuta, está compuesto por el Self Profesional y el Self Personal. En el Self Profesional convergen dos redes en constante relación. Por un lado, la red profesional, donde intervienen los contactos con colegas, la pertenencia a escuelas terapéuticas y asociaciones científicas. Por otro, la red relacional de lo pacientes, donde se encuentra la confirmación de la capacidad profesional y bienestar económico, entre otros. En el Self Personal se encuentra la influencia de la familia de origen y de la familia actual. Ambas tienen su peso relativo, pero con el paso del tiempo la segunda comenzaría a tener más relevancia, sin desconocer que la familia de origen deja su huella en la personalidad del terapeuta y su influencia tanto en la vida privada como en la vida profesional. El primero supone un reto técnico: el segundo, un desafío existencial.

Fig. 1 Extraído de Gritti, P. y Canevaro, A. (1995).

1.2 MODELO “LA PERSONA Y LA PRÁCTICA DEL TERAPEUTA” DE H. APONTE.

Si partimos de la base de que las terapias son llevadas a cabo por personas y que el cambio terapéutico se sitúa en una relación personal que comprende tanto “las vidas interiores de los participantes” como “el sistema personal de valores del terapeuta y el paciente” (Aponte, 1985, p. 7), es necesario desarrollar en la formación clínica tanto aspectos técnicos con respecto al tratamiento como elementos personales de la vida del terapeuta, bajo el supuesto de que un terapeuta efectivo es aquel que utiliza el conocimiento de si mismo en el desarrollo personal y en la evolución del tratamiento del paciente. Es así como Aponte plantea el modelo “La Persona y la Práctica del Terapeuta”, donde se pone énfasis en el despliegue de cuatro habilidades fundamentales para el terapeuta clínico: 1. Habilidades Externas: se refiere a la conducta técnica real usada por el terapeuta. 2. Habilidades Internas: alude a la integración de la experiencia personal del terapeuta. 3. Habilidad Teórica: dice de la relación con el modelo teórico o marco conceptual que se utiliza para guiar el proceso terapéutico. 4. Capacidad de Colaboración: apunta a la coordinación necesaria entre el terapeuta y otros profesionales o agentes relevantes para el proceso, ya sean abogados, supervisores o colegas. Nadie duda de que la formación teórica y técnica son relevantes en la formación clínica. Asimismo, el trabajo en equipo con otros profesionales es fundamental en contextos donde las temáticas son multiproblemáticas (divorcios, adicciones, aspectos escolares, administración de medicamentos o distintos miembros de la familia que estén siendo tratados por diferentes especialistas). El modelo propone “ayudar al terapeuta a resolver sus conflictos personales y liberarlo de sus problemas y núcleos enfermos… al sentirse más integrado personalmente, tendrá más posibilidades de intervenir con mayor grado de elección, introspección y creatividad en la vida de sus pacientes” (Aponte, Winter, 1988, p. 9). Los entrenamientos centrados en desarrollar las habilidades personales internas de los terapeutas en formación plantean que aumentar el acceso a su propio conocimiento le permitirá ayudar de mejor manera a sus pacientes. Es aquí donde las cuatro habilidades planteadas anteriormente pueden encontrar una conexión. El punto central es ayudar al terapeuta a integrar sus intervenciones técnicas, que ya derivan de un esquema teórico particular, con su desarrollo personal; es decir, llevar a terapia el self del terapeuta. Desde esta perspectiva, el terapeuta tiene que ser consciente de dos aspectos centrales: darse cuenta de qué elementos personales aporta a la relación terapéutica para ponerlos al servicio del proceso terapéutico de sus pacientes. El modelo Persona – Práctica emerge desde un contexto ecológico – sistémico para el que es esencial el enlace entre la vida personal del terapeuta y su desarrollo del tratamiento en sí. Al haber una continuidad estructural entre individuo, familia y comunidad, se puede producir impacto en cualquier parte de la cadena al intervenir en cualquiera de estos sistemas. Por tanto, existe una mutua influencia entre el conocimiento que posee el terapeuta de sí mismo, su propia familia de origen y los pacientes de su práctica clínica. El incorporar su propio self, no sólo resolviendo temáticas personales sino más bien reconociéndose y trabajando en sí mismo, le otorga por un lado mayor libertad para el trabajo con sus pacientes y por otro, ver cuándo y cómo se ve inhibido o entrampado. La congruencia entre lo personal y lo profesional del terapeuta constituye uno de los elementos más curativos de la terapia: “La maestría de la terapia depende de la maestría del terapeuta de sií mismo tanto como su conocimiento y habilidad” (Aponte, 1985, p. 13).

1.3 “MIS FAMILIAS, MI FAMILIA” (1) : EL TRABAJO CON LA FAMILIA DE ORIGEN. J. FRAMO

Este autor comienza a desarrollar el trabajo con su familia de origen al percatarse de que las relaciones de los miembros de las familias que veía en sesión tenían puntos en común con su propia familia. Las fuertes tensiones experimentadas en el trabajo con familias, encuentra sostén, según Framo, en la conciencia que tiene de sí el terapeuta y en la elaboración de sus temas relevantes con su familia de origen, lo que hace “más probable que pueda manejar mejor la irracionalidad de la familia” (Framo, 1996, p. 164). En cuanto a las relaciones primarias, Framo concluye que “es necesario perdonar los dolores y agravios antiguos, y conocer y ser conocido por estos seres que, en cierto modo, vivirán siempre dentro de nosotros” (Framo, 1996, p. 225). El hecho de que el terapeuta en formación se reúna con su familia de origen en un contexto protegido, donde se puedan tratar los temas trascendentes de la relación, permite remover y visibilizar las dinámicas familiares para tiempo después cosechar los frutos: “una actitud más cariñosa hacia un padre temido u odiado, una madre que se vuelve menos exigente, la resolución de un antigua disputa entre hermanos, etc.” (Framo, 1996, p. 151). Una intervención como ésta genera cambios tanto en la familia de origen como en la familia actual y en el funcionamiento intrapsíquico individual. En conclusión, para que el terapeuta pueda llegar a ejercer el doble rol profesional, es decir, ser capaz de involucrarse y entrar a la familia en sesión, y al mismo tiempo poder salir y permanecer como observador objetivo (en el sentido de no verse inducido por las resonancias emocionales), Framo considera fundamental el trabajo con la familia de origen del terapeuta.

2. DESCRIPCIÓN DE LA EXPERIENCIA

La experiencia aquí descrita fue realizada con alumnos de terapia familiar del Instituto de Terapia Familiar de Santiago de Chile y sus familias. Después de una serie de seminarios que realizó A. Canevaro en Santiago de Chile durante 2006, por invitación del Instituto Chileno de Terapia Familiar y la Universidad Diego Portales, algunos alumnos se interesaron en las dinámicas de armonización entre el self personal y el self profesional de los terapeutas de familia. Esto fue motivo de la petición de un trabajo directo con seis alumnos en formación y sus respectivas familias. Para este trabajo y por razones de distancia, no pudiendo realizarse encuentros mensuales, Canevaro diseñó un formato original que incluyera la participación directa de las FO en un encuentro residencial de tres días (Canevaro, 2009). El trabajo se efectuó en la casa de campo de uno de los participantes, a una hora de Santiago, con la posibilidad de permanecer en ella los participantes y el director de la experiencia durante los tres días en que se desarrollaron los encuentros. El primer día cada alumno presentó su genograma y se analizó la invitación de los familiares, caso por caso. En el segundo día vinieron los familiares de origen para una jornada entera con un almuerzo compartido. Los 26 participantes se reunieron en círculo en el salón, del que podían salir y entrar libremente. El ambiente, al comienzo inquieto, dio lugar rápidamente a una escucha atenta de las palabras introductorias del coordinador que en 10 minutos sintetizó el sentido de la experiencia, para pedir luego a los seis alumnos que se sentaran en un círculo dentro del grupo más grande y hablaran libremente durante unos 30 minutos del por qué habían elegido esta profesión. A continuación pidió a los padres que se sentaran en círculo dentro del grupo grande comentando su impresión acerca de la elección vocacional de sus hijos. (Es interesante señalar el comentario de uno de los padres, quien, contrariamente a sus miedos iniciales, se sentía muy cómodo hablando de sus vivencias frente a extraños, como si los conociera desde siempre). El grupo escuchaba atentamente y sin hablar, con una gran participación emotiva, las impresiones de estos padres. Tres de éstos eran médicos que habían esperado que sus hijas continuaran con la carrera médica; su desilusión frente a la elección de ellas se mezcló con el interés y la sorpresa de escuchar el porqué de esta elección. Luego se dio lugar a las madres, siempre en un “grupo dentro del grupo”, para que hablaran de su reacción frente a la elección de sus hijas. Por último, antes del almuerzo compartido, los hermanos se sentaron a dar sus impresiones personales. El almuerzo compartido dio lugar a un intercambio muy vivaz entre los participantes que comenzaron a conocerse entre sí. El trabajo posterior fue experiencial a través del ejercicio de la Mochila (Canevaro, 1999), cada uno de los alumnos con sus propios padres. Esta experiencia, creada para facilitar la diferenciación de un joven adulto de su FO, consiste en sentarse el joven adulto frente a sus padres, alternativamente con uno y con otro, tomándose de las manos y mirándose a los ojos. La consigna es (al padre o a la madre): Imagine que su hijo/a va a comenzar un largo camino por la vida. Elija dos o tres aspectos de su carácter, que usted haya forjado durante la vida, de los cuales esté orgulloso/a para dárselos como don ahora. El/ella los llevará en su mochila y en el largo camino de la vida cuando tenga necesidad tomará lo que usted le ha dado y lo hará suyo. El coordinador ayuda a definir en una palabra estos dones, y luego anota el porqué de cada uno. Después se le pide al alumno que deje a cada uno de los padres un aspecto de su carácter, de sus hobbies o de sus sueños, algo de lo cual piense que a sus padres les pueda gustar tener de él, con la fórmula: “Papá/mamá, te dejo esta característica mía ( y enumera las dos o tres cosas y el porqué las deja a sus progenitores)”. Al terminar se les pide, alternativamente al padre y a la madre, que se den un abrazo con sus hijos, “en silencio, apoyando cada una la cabeza sobre el hombro del otro, el tiempo necesario”. Es un momento muy emotivo, como el de la separación antes de un largo viaje, en el cual se pueden observar reacciones diversas con un lenguaje no verbal, riquísimo, que da cuenta de la relación, del comportamiento recíproco y de la mayor o menor riqueza de expresión del mundo interno de cada uno de los progenitores. Tomemos como ejemplo el caso de Julia, que se sienta frente a su madre, Delia, quien muy afectuosamente le dice: “Te doy mi capacidad de expresar el amor, porque es lo más importante y no es fácil que la gente lo haga. Te doy mi humor y mi capacidad, porque hace falta en la vida. Te doy mi intuición”. Y Julia responde: “Mamá, te dejo mi capacidad de darme espacios para mí misma, para no vivir sólo para los demás. Te dejo mi capacidad de hacerme cargo de mí misma, de cuidarme físicamente, porque eres despelotada”. Después de esto y a petición del coordinador, se unen en un abrazo intenso durante el cual Delia, le acaricia la espalda, con los ojos humedecidos por las lágrimas, mientras que Julia se acurruca en el hombro de la madre. Luego, Pedro, el padre, se sienta frente a ella, con una mirada afectuosa y le dice, mientras le acaricia las manos: “Te doy mi curiosidad en la vida, en la sociedad y en los libros. Te doy mis pasiones, que dan vitalidad a la vida. Y te doy mi ponderación y mi experiencia”. Julia, visiblemente contenta dice: “Te dejo mi capacidad de reconocer mis límites ya que uno no puede salvar el mundo. Y mi capacidad de expresar el afecto, porque lo puedes hacer más todavía.”. Luego se estrechan en un abrazo silencioso y conmovido. Este ejercicio convalida la diferenciación al “dar el permiso” para la misma. Se produce un intercambio de las funciones que inconscientemente mantenían la fusión y la falta de límites e indiscriminación entre padres e hijos, recuperando cada uno lo que tenía depositado en el otro, y funcionando así como un gran detonador para el crecimiento autónomo del hijo/a. Tras esta intensa experiencia, en el tercer día se hicieron los comentarios y la elaboración y se pasó a hablar de las parejas. Se decidió no convocarlas porque la mitad de los participantes venían de terminar una relación significativa y no tenían pareja en ese momento. Después del análisis de las relaciones de pareja de cada uno de los participantes y de su complementariedad con las relaciones más o menos conflictivas con la propia familia, se pasó a elaborar la experiencia completa. Surgió la idea de hacer un seguimiento al año siguiente, tiempo en el que se intercambiaron varios e-mails con el coordinador y se realizó una video-conferencia a los seis meses. El contenido de los mensajes giraba en torno al impacto personal en cada alumno y su FO y del efecto que esta experiencia tuvo en el modo de trabajar de cada uno de ellos. El denominador común fue que la sacudida importante que todos tuvieron al conocer las impresiones directas de los familiares y el impacto del ejercicio experiencial con ellos, en el marco del grupo multifamiliar, ejerció una gran influencia sobre el modo de comprender y ejercer su profesión. Se sintieron mucho más libres para trabajar, ampliaron la mirada sobre el panorama familiar de sus pacientes y convocaron a familiares significativos de ellos abreviando e intensificando las terapias individuales y de pareja. Al año siguiente se volvió a reunir el grupo, con el mismo formato de tres días, y se oyeron los comentarios directos de los familiares, quienes referían cómo habían cambiado sus vidas con una mayor comunicación y con una reordenación estructural de casi todos ellos. Algunos hermanos se habían ido a vivir solos, dos parejas de padres iniciaron una terapia para adecuarse al “nido vacío” y enfrentar ese nuevo periodo de sus vidas. Una sola familia se lamentó de haberse quedado “sola” (sin apoyo terapéutico) después de la experiencia que fue muy impactante. De todas formas es importante destacar que esa madre estaba soportando un momento difícil de su vida debido a que era cuidadora de su propia madre que padecía Alzheimer. En general todas las familias hablaron positivamente de la experiencia y se distribuyó un cuestionario para evaluar el impacto de la experiencia.

ALGUNOS TESTIMONIOS PERSONALES 1.

“GIMENA”:

Comenzar a escribir sobre esta experiencia me llena de ilusión en cuanto recordar y transcribir una experiencia que puedo evaluar muy positivamente en muchos sentidos. Lo primero que se me viene a la mente es la vivencia de conexión conmigo misma que pude experimentar y que hasta la actualidad considero como guía en el modo de vivir o significar la vida. Un tipo de conexión que incluye poder mirarme y comprenderme en el sistema de relaciones significativas que he construido en primer lugar en mi familia de origen, en el sentido de mí misma, y en el modo de establecer vínculos con otros: a nivel personal y profesional. Considero que el contexto en que se desarrollo el taller de FO permitió que la experiencia fuese completa. La guía del terapeuta y los compañeros que la compartimos, permitieron un clima emocional de mucho respeto, escucha, acompañamiento y soporte para atreverse a explorar más allá de lo que por mí misma me hubiese permitido, conteniendo el temor o la ansiedad de entrar un nivel de significados y emociones no seguras. Tenía la certeza que podría hacerlo, enriqueciéndome de mí misma, de las vivencias e historias de mis compañeros, y de lo que construimos entre todos esos días que decidimos ir más allá de los que podíamos ver. El presentar a mi FO a través de mi percepción significó recopilar información, historias, comentarios de diferentes miembros de mi familia que me permitieron en primera instancia comprender muchos modos en los que nos relacionábamos, así como preguntarme por algunos vacíos en la comunicación o temas de los que no se hablaba fácilmente. Al presentar mi genograma a mis compañeros, me di cuenta de cómo yo continuaba construyendo mi familia y mis relaciones del mismo modo cómo les presentaba a mi familia. O sea, de cómo a pesar de reconocerme conscientemente como parte de ellos, establecía una distancia al explicarlo como si yo fuese un observador solamente. El tema del control de las emociones como un modo de relacionarse, protegiéndose del descontrol de éstas, de la ruptura en las relaciones, de no ser aceptada, o de respetar el espacio del otro (que fácilmente puede verse invadido por las necesidades afectivas del otro). Los límites puestos a través del control, como límites que no permiten la autonomía ni la diferenciación, pues no permiten el contacto o el vínculo con los demás ni con uno mismo, pues en esencia hay una parte del sí mismo que queda postergada y no aceptada. Podría decir que ver o darme cuenta de mi posición en mi familia, generó un gran impacto en mi misma, en ese momento y hasta la actualidad. Me planteé preguntas que no me había hecho, algunas de las cuales generaron un cambio en mi modo de establecer una relación con mis padres y mis hermanos. Comencé a preguntar, y esas preguntas y sus respuestas fueron abriendo nuevos caminos a más preguntas y nuevas búsquedas y nuevas respuestas y así hasta la actualidad. Preguntas que surgieron en ese entonces, que me hicieron y que yo me pregunto hasta hoy: ¿Por qué las mujeres en mi familia necesitan sentirse débiles? ¿Cuándo comenzaron a sentir que necesitan de los hombres para estar completas? ¿Por qué tu mamá se casa con tu papá, que aparenta ser tan distinto a tu abuelo? (y ¿serán tan diferentes?) Así como situarme en un escenario que no había pensado: ¿podía yo estar en un rol semejante al de mi abuela paterna, que había fallecido en la misma época que mis padres se casaron? Esto por el modo de relacionarme con mi papá como cuidadora, en que podía perdonarle sus fallas y con mi madre en constantes rivalidades y peleas. Ver a mis padres relacionarse conmigo de esa forma, no era solo un conflicto de competencia con mi madre, sino que mi padre también lo permitía y facilitaba. Como ellos necesitaban de una madre, y yo me quedaba sin padres, sin tampoco estar cómoda en dicha posición, pues significaba extender las expectativas que ellos tenían sobre mí, sin poder mostrarme yo, con mis necesidades y con la posibilidad de tener dos padres que no competían en función del control sobre el rol que yo ejercía. Hubo un momento posterior a esto que los culpé, me enrabié, y me dio mucha pena, me sentí muy sola y muy necesitada, fue muy intenso el sentimiento de sentirme “huérfana” o de ver en mis padres una imposibilidad de responder a mis necesidades. Hoy, creo que ellos responden de la mejor forma dentro de lo que pueden y con las mejores intenciones, y que yo tengo algunas necesidades que ellos no pueden satisfacer, sin por ello quedarme sin padres. Relacionarme con ellos de un modo distinto, significaba relacionarme como hija adulta con padres adultos. Reconocer necesidades y afectos sin sentirme más débil o más infantil, al tiempo que reconocer los de ellos. Sí, podría decir que este taller en sus dos versiones, marca un inicio más involucrado e implicándome a mi misma en mi diferenciación. Un camino que aún continúa, que ha sido facilitado por una terapia personal realizada, por las relaciones establecidas y por los cambios en mi FO que comienzan a ocurrir. En la experiencia de incluir a las familias en el taller, ocurrieron muchas más cosas de las que en verdad podría haber imaginado. En la primer cita fueron mis padres y cuatro hermanos (uno de ellos vivía fuera del país en ese entonces) y en la segunda faltó además otra hermana que también se fue a vivir al extranjero en esa fecha. Hasta el día de hoy ellos mencionan la experiencia y la valoran como muy positiva. Me recuerdo que en la primera vez, había fallecido mi abuelo paterno un mes antes y mi abuela (esposa de mi abuelo) unos días antes. Alfredo me comentó algo así como “que facilidad tiene tu familia para no hablar de lo que está pasando, o de no expresar el dolor si es que lo están viviendo”, con el tiempo he incorporado esos comentarios, sobre todo al darme cuenta cómo es que nunca tuve contacto con la experiencia emocional de la muerte de mi abuela paterna (que murió antes del matrimonio de mis padres, y de la que llevo el mismo nombre y compartía yo tantas características y funciones), cómo se ocultan o ocultamos las emociones, cómo hay tanto miedo a las separaciones o las pérdidas, cómo hay tanto miedo a decir que ya todo no es como antes, que ahora tengo pena, que tengo miedo, que no puedo. Las conversaciones con mi familia en ese taller, con gran distancia de las emociones que cada uno de nosotros sentía y que después pudimos conversar, cuando la intensidad emocional era menor. O cuándo sin entender por qué, Alfredo me dijo que le preguntara a mi madre ¿cuándo creía ella que las mujeres de nuestra familia nos habíamos convencido que éramos tan dependientes? Creo que mi madre quedó igual de impactada que yo, no era un discurso explicito en mi familia, al contrario, las mujeres eran las que tenía más control sobre los demás, los hombres más como niños y las mujeres más como madres controladoras. O cuando después del segundo taller con las FO, y relacionado con mis comentarios sobre irme a vivir afuera (del país), de sentir que “algo” me faltaba, o de mencionar que no podía sentirme totalmente bien, que no era capaz de establecer una relación de pareja, de confiar y que de hecho no la tenía, entonces “algo” debía andar mal. Y Alfredo me comenta algo que interpreté como “deberías pensar en que quieres estudiar, dónde y cómo y comenzar a pensar en ese viaje, como si te fueras realmente…”. Creo que era como decirme “podrías ver qué es lo que necesitas, sin esperar que alguien te lo diga o lo cumpla por ti”, como hacerme cargo de las construcciones del mundo y de las relaciones que yo misma realizaba, a partir de mi experiencia claramente. Hoy, viviendo en Barcelona hace siete meses he pensado mucho en esos comentarios, cuándo intento darle sentido a lo que hago y busco en otros. Mi madre por su parte, viajó por primera vez sola (sin mi padre) durante tres semanas para venir a verme a mí y a mi hermana que vive en Paris; lo que ella menciona como “ahora sí que estoy grande… compré el pasaje sola… arrendé un auto y manejé por las carreteras de Francia…”. Mi padre por su parte menciona constantemente el taller como una posibilidad de haber podido hablar de algunas cosas, de darse cuenta de otras. Mis padres acudieron a una terapia de pareja después del primer encuentro, en el que también mencionaron la experiencia. Consideran que les sirvió, mi padre se refiere más a eso, pues a mi madre creo que le cuesta un poco más hablar de lo que le duele, sin poner rápidamente el acento en lo positivo. En el plano profesional encuentro un desarrollo íntimamente ligado al desarrollo personal que todas estas experiencias han implicado en mí. El tema de la diferenciación ha significado poder relacionarme de un modo más sincero e intimo con los demás. Con mis pacientes pude involucrarme más activamente, sin temer perderme en ellos o bien poder darme cuenta de cuando comenzaba a verme inducida por el sistema familiar, o aliándome con alguno de los miembros que experimentaban sentimientos similares a los míos. Comprender las relaciones como un modo de construir la realidad en que vivo, significa también comprender que los demás pueden estar mejor o peor desde el modo en que han construido su mundo relacional. Y entonces ver cómo es que este puede cambiar y como nosotros como terapeutas podemos ayudar en eso; esto desde el modo en que nos relacionamos con la familia, como ayudándoles a visualizar el estilo relacional de cada uno. La diferenciación como eje a trabajar en la terapia, y como núcleo de muchas de las dificultades que presentan. Creo que una de las frases que resume este gran proceso es “volver para recomenzar” como dijo Alfredo en algún momento. Solo volviendo a nuestra familia, a nuestro nido, a nuestros inicios podemos vivir y diferenciarnos de aquello que construimos sin darnos cuenta, y que al volver podemos ver y escoger, para comenzar un nuevo camino con la mochila llena con las cosas que nos hacen falta, con aquellas que nos hacen crecer y con nuestra historia ahora contada por nosotros mismos. Esto claramente a nivel personal, y en el plano profesional; pues es lo que aspiro poder transmitir a mis pacientes, y ayudarles a lograrlo.

Su madre responde al cuestionario post-sesión:

1- ¿Cómo vivieron la experiencia? Fue una experiencia a lo menos extraña. Cuando Gimena nos convidó a esta experiencia no sabíamos a qué íbamos. Se acababa de morir mi suegro 15 días antes y el día antes mi suegra (no era la mamá de mi marido). Partimos en familia a esta experiencia más que por nosotros por acompañar a Gimena. Una vez ahí, habíamos 6 familias creo y nadie sabía a lo que veníamos. Gimena nos había contado solo que era un psicoterapeuta argentino que trabajaba en Italia. Lo primero que pensé fue: éste es un charlatán… Se nos explicó un poco de qué se trataba la terapia y después estuvimos todo un día siguiendo todo tipo de instrucciones y conociendo la vida de familias que nunca habíamos visto y con los cuales había que compartir cosas bastante íntimas… y al subirnos al auto y dejar a Gimena ahí y partir nosotros a la casa la experiencia me pareció increíble. Por supuesto no me costó nada criticar a las otras familias y no ver mis defectos. Al día siguiente… llegó la Gimena a la casa y nos contó lo que habían comentado y casi me muero, dejé de ser la familia modelo que imaginaba y me fue súper duro ver que habían desnudado a mi familia y a mi hija en público… pero bueno no había nada que hacer escuché lo que la Gimena nos contó, claro que no fue de un modo muy dulce, y me costó mucho aceptar que esto estaba hecho para ayudarnos… ya no sabía si la experiencia me gustó. Pasó un año y de nuevo a otra reunión y lo único que pensé: todo de nuevo… Ya ahora las cosas familiares estaban peores yo lloraba mucho y estaba en lo mejor de una depre… no quería volver a enfrentarme a mi familia ya que las cosas durante ese año habían sido muy difíciles. Al llegar lo primero que hicieron fue ponerme a la Gimena y a mi frente a frente y ahí creo no me salía ni la voz y yo casi no sabía qué hablar, poco a poco la tortilla se dio vuelta y ya nosotras no éramos el centro de la conversación y ya me fui tranquilizando y Canevaro me explicó que esto que estaba viviendo duraría por lo menos 2 meses y de ahí empezaron a hablar las otras familias y al momento de irme me di cuenta que estaba demasiado agradecida que Gimena me permitiera vivir esta experiencia… pero me demoré mucho tiempo en valorarlo realmente. 2- Qué agregarían o quitarían de la experiencia?Mirando la experiencia desde la distancia creo que no haría cambios a mi me gustó así. 3.– ¿Qué enfatizaría? Creo que lo que más me gustó y enfatizaría fue la convivencia con las otras familias. 4- ¿Qué se llevaron o aprendieron cada uno para sí mismos? Para mi la experiencia fue muy fuerte, pero me sirvió para tomar la decisión de ver a un terapeuta para salir de la depresión. 5-¿Qué fue lo que más les gustó? Poder acompañar a Gimena en su proyecto y en sus estudios. ¡Gracias Gimena!

Por su parte, su padre contesta:

1. ¿Cómo vivieron la experiencia? Intensamente, recordando cada uno de los detalles, de cada familia, y de cada persona, me sentí muy cercano a todos, como que los hubiera conocido toda la vida, un poco de vergüenza en los trabajos abiertos al público, pero superable porque el ridículo lo hacíamos todos… pero en cierta medida nos conteníamos para que otros se expusieran más que nosotros. Quedé más preocupado de la situación de otras familias que de la nuestra, esto podría ser un distractor que impide ver lo nuestro sólo basado en que ellos se abrieron más que nosotros. 2. ¿Qué agregarían o quitarían de la experiencia? Nada, es extraordinariamente rica, muy bien manejada por Canevaro… un experto. En todo momento me sentí participando intensamente, y aunque también me sentí evaluado esto fue cariñosamente y apoyado por todos. En todas las familias existen los problemas, unas más y otras menos, pero al final nadie se escapa. Son temas que no tocamos diariamente, salen de adentro por el tipo de dinámica utilizado. Agregaría más seguimiento, una experiencia fuerte como ésta lo requiere. En cuanto a quitar no lo sé pero el tipo de dinámica hace que se pierda un poco la importancia de la relación con la persona que más te importa de todo el grupo… tu hija (o). No es fácil decirle lo que sientes en público, aun con este ambiente protegido. Más te relacionas con los problemas de todos los otros que con ella (él). En este sentido el que haya familias con muchos y evidentes problemas, hace que se oculte un poco la problemática de las otras familias. 3. ¿Qué enfatizarían? Muy importante el lugar, Cajón del Maipo fue mágico. Todo lo otro fue muy bien enfatizado en la dinámica. 4. ¿Qué se llevaron o aprendieron cada uno para sí mismos? Demasiado, en lo personal una de las experiencia más fuertes del último tiempo. Es que hay muchas cosas guardadas en uno que sólo en esta experiencia salen a la luz. Es como que vivimos la vida con una rutina exigente de trabajo y no nos damos el tiempo para pensar en estas cosas que son tan importantes. Agradezco mucho la oportunidad de participar. 5. ¿Qué fue lo que más les gustó? Con esta dinámica, de alguna forma se pudo transformar la tristeza en alegría.

2. “YOLANDA”:

El taller que hicimos hace 4 años ha cambiado muchos aspectos de mi vida. Partió por darme una mirada diferente de la vida, de mi historia de mi familia y de quien soy yo. Fue una experiencia muy enriquecedora e intensiva. El mirar a su propia familia y a uno en ella con perspectiva, además de poder hablar emocionalmente a los padres en un ambiente protegido, es una oportunidad única que se nos brindó para comenzar el proceso de diferenciación. El poder volver atrás, a la familia, a los vínculos…vincularse para luego diferenciarse. Este es el punto de partida, el camino a seguir para encontrarse a uno mismo. El poder ver donde me encuentro en mi familia y que yo puedo hacer algo para cambiar la dinámica, más que esperar algo diferente de ellos, ha sido una gran ayuda, poder pasar de una especie de duelo y poder aceptar la familia que tengo Ha sido un largo proceso, de mucha reflexión, decisiones y cambios que ha hecho que logré encontrar mi camino en la vida, quién soy yo y qué quiero construir, incluyendo mi historia. Esto, al mismo tiempo de ir construyendo mi self como terapeuta familiar y de parejas. Recuerdo el comentario de Alfredo al contar sobre mi genograma, y como solo ahí pude darme cuenta que todo lo que yo decía sobre mi familia, de cómo les cuesta hablar de los problemas y los evitan, lo estaba haciendo yo también, y sin siquiera ser consciente de ello. También, recuerdo como me emocioné con el genograma de uno de mis compañeros, donde pude ver reflejado aspectos de mi propia familia. Es muy potente e intenso el contar acerca de la propia familia, pero también el escuchar la historia de otros. Para mi padre fue la primera vez que participa activamente y sin resistencias en una actividad donde se habla sobre las emociones y sobre la familia. Por parte de su familia de origen existe una especie de tabú de hablar acerca de los problemas familiares y menos con gente externa a ella. Sobre las emociones, no saben cómo expresarlas ni hablar acerca de ellas. Mi madre pudo verbalizar también aspectos de su vida y de cómo ve las cosas, lo que no tiene cabida en el día a día. Mi hermano se emocionó porque no tuvo opción de escaparse de la situación como lo hace en general, y permaneció conectado todo el tiempo, lo cual fue algo nuevo para él. Para mí verlo así y escuchar que me pedía más cercanía con respecto a nuestra relación, fue muy emocionante. Mi hermana logró ver su lugar en la familia, haciendo roles que no le corresponden y, por ende, dejando de lado su vida y desarrollo. Creo que el clima emocional acogedor y respetuoso que se creó, potenció el que cada uno lograra abrirse y conectarse emocionalmente. Por mi parte, logré ver a mi familia desde otro lugar más emocional y vincularme con ellos desde ahí. Logramos comenzar a hablar de lo no hablado y comencé a actuar de forma diferente para hacer pequeños cambios entre nosotros y por ende en nuestra dinámica familiar, donde yo siempre quedaba como la que no ayuda, “la huésped” en la familia, etc. Así, también pude ir despegándome de mi rol entre mis padres y empezar a mirar qué es lo que yo quiero en mi vida, logrando diferenciación. Desde el primer encuentro multifamiliar, pude ver a mis pacientes de manera diferente, teniendo en mente esta nueva imagen de la familia, de la posibilidad de cambio y de la importancia del vínculo para poder diferenciarse, sin que eso signifique alejarse de ellos, sino al contrario. Incluso, he incluido la posibilidad de traer a algún miembro de la familia de origen de mis pacientes a una sesión en terapia. Esto, ya que vi lo efectivo y potente que es el encuentro familiar entre generaciones en un contexto de terapia. Es increíble, como se avanza mucho más rápido que al trabajar sólo con el paciente. Lo mismo siento que pasó con mi propia psicoterapia, la cual llevaba un poco más de un año, al tener el encuentro multifamiliar. Creo que con este encuentro avanzamos mucho más rápido y pude ver las cosas mucho más claramente. En concreto, con respecto a mi proceso, decidí irme a vivir sola, luego ir a realizar una pasantía en el extranjero, donde encontré al hombre con quien quiero pasar el resto de mi vida. Todo esto, es algo que sólo pude hacer después de empezar mi proceso de diferenciación, poder salir de entre mis padres y sus expectativas para ver las mías propias y buscar mi lugar en el mundo. Creo que pasar por todo este proceso es totalmente necesario, no solo para el self personal, sino para el self profesional del terapeuta familiar, ya que uno necesita vivir el proceso de diferenciación, que siempre seguirá, para poder entender y potenciarlo en los pacientes. Así, uno puede reconocer, no solo por la teoría, los indicadores de diferenciación. Además, de poder ponerse en el lugar del otro, y realmente comprender las diversas vivencias frente a este mismo proceso y como ayudar a gatillarlo. En mi opinión, el encuentro multifamiliar realizado y la segunda sesión de seguimiento y evaluación, fueron una experiencia única que dio pie a muchos cambios individuales, grupales, personales y profesionales. Entender donde uno está parado dentro de su familia y cómo la mira es un paso indispensable para poder iniciar algún cambio, con muy pequeños movimientos. Además, el clima emocional que se dio fue clave. Un clima acogedor, de mucho respeto, donde realmente, pude ver emocionarse y decir cosas que nunca habían dicho miembros de mi familia.

Su hermana responde así al cuestionario:

1.- ¿Cómo vivió la experiencia multifamiliar? Al comienzo fue muy incómodo el estar frente a otras personas que nunca antes había visto y escuchar sus problemas familiares y que las otras familias escucharan nuestros problemas. Pero escuchar a otras familias también tiene un plus, que es que uno puede llevarlo al plano propio y reflexionar desde los otros los propios problemas familiares. Por otra parte también fue bueno escuchar de mi propia familia lo que tenían que decir, después de todo creo que la alteridad, escuchar, pensar en el otro, desde el otro, siempre es bueno. Nunca antes me había visto en esa situación de terapia y menos grupal, lo que también me ayudó a entender que en la vida a veces es importante establecer sobre todo con la propia familia una comunicación fluida y frontal, que cotidianamente es difícil que se dé, por eso el espacio de terapia abre una nueva dimensión que uno puede tomarla de manera retroalimentativa. 2.- ¿Cuál ha sido la repercusión personal de esta experiencia? La verdad es que en el momento mismo, yo viví la experiencia como algo un poco místico, esas situaciones que a veces ocurren en la vida en las cuales uno se retrae de lo cotidiano y se ve envuelto en algo poco común que a uno por un lado le incomoda pero por otro lado lo siente atractivo, interesante, distinto. Directamente y a corto plazo no fue más que eso para mí, una extraña pero bonita experiencia. A largo plazo sí hubo ciertas repercusiones, yo misma me vi en la situación de tomar la decisión de acudir a una terapia individual en donde uno de mis grandes temas a tratar era y aún lo es el tema familiar. Tomar la decisión de ir a un psicoterapeuta para mí era algo que difícilmente hubiese concebido, de cierta manera la terapia familiar abrió mi mente y me dio a entender que una terapia (individual o grupal) a veces es necesaria. Por otra parte, se volvieron abrir en mi terapia personal algunos temas que se habían hablado en el encuentro familiar y que había olvidado o dejado simplemente atrás, siendo estos temas esenciales a tratar. Además ahora soy capaz de darme cuenta que desde la familia es de donde se generan muchos de los problemas personales y que la familia es en sí misma un reflejo de uno. 3.- ¿Cuál ha sido la repercusión familiar de esta experiencia? Como dije anteriormente, creo que en el momento lo vivimos solo como una nueva experiencia, no se tocó más allá el tema. Sin embargo, son muchas las cosas que han sucedido desde ese encuentro y creo que hoy gracias a diferentes hechos (lo mismo que mencione en el punto anterior) han ayudado a entablar una comunicación más directa dentro de mi familia. Yo personalmente creo que la repercusión familiar de esta experiencia no fue tan perceptible, pero sí un paso pequeño pero importante para los integrantes de mi familia, en el sentido de que a cada uno en algo le repercutió y por ende hubo algo que efectivamente existió y tuvo un significado personal que en algún momento se manifestó o creo se manifestará dentro de la familia. 4.- ¿Qué agregaría o quitaría de la experiencia? Hay ciertos temas de los que se hablaron dentro de las familias, de los cuales pedían la opinión de otros (no relacionados a esa familia), creo que en ese sentido a veces opinar de algo que uno no conoce del todo y que a uno personalmente no le incumbe, es preferible omitir el hablar. Lo digo porque yo misma recuerdo haber opinado acerca de algo de otra familia y la verdad es que después me sentí bastante incómoda, y entrometida. Creo entonces, que ese punto de que otros no relacionados familiarmente, opinen o planteen puntos de vista sobre lo que se esta hablando, es lo que yo quitaría. 5.- ¿Qué enfatizaría de la experiencia? La comida estaba muy rica!!!! broma… la buena disposición de los familiares de acudir a un encuentro multifamiliar y bastante catártico. El hecho de entender o por lo menos tener un leve conocimiento del trabajo que realiza, en mi caso, mi hermana. La buena onda de todos, a pesar de percibir de algunos una energía un poco más negativa o quizás más retraída, pero igual es importante valorar el hecho de que hayan asistido por una hermana, hija, hijo, eso es muy valorable porque significa que por muchos problemas que uno pueda tener dentro de la familia, en todas se percibían a sus integrantes bastante unidos y respetuosos unos con otros. 6.- ¿Qué se llevó o aprendió para Ud. mismo? Ya lo mencioné en el punto 2. En resumen, abrió mi mente a que la terapia es una alternativa muchas veces necesaria, que la comunicación dentro de la familia es esencial más allá de las diferencias entre los integrantes que la componen y aprendí a valorizar y respetar el trabajo de mi hermana como terapeuta familiar. 7- ¿Cuáles han sido los cambios que Ud. notó en la relación con su hija/o – hermana/o? En un comienzo, noté en mi hermana un poco de ansiedad y nerviosismo, las ganas de que la experiencia realmente tuviese una repercusión un impacto directo y rápido en la familia, lo que a ratos hacía un poco forzosa la relación. Pero después la relación se dio naturalmente como siempre hemos sido. Hoy, sí noto cambios en la relación con mi hermana, el hecho de que hay más espacio para escucharnos y también para ser más atinadas en ciertos temas. A pesar de estar más distanciadas físicamente (mi hermana ya no vive en mi casa con la familia), hay una gran unión incluso la siento más cerca hoy que cuando vivíamos juntas, siento más preocupación de parte de ella por mi familia y por mí. El gran cambio en la relación creo que fue más bien de parte de mi hermana, tomó una decisión importante en su vida, irse de la casa, y veo que fue una buena decisión para ella y para mi familia. La siento más fuerte, independiente, más segura de sí misma y por ende eso repercute en las relaciones conmigo y con mi familia.

CONCLUSIONES

Como síntesis del trabajo realizado podríamos decir que la convocatoria directa de los familiares y parejas, respecto a la versión intrapsíquica del alumno durante el genograma permite algunas constataciones: – Se conoce la repercusión en cada uno de los familiares de la elección vocacional del terapeuta familiar y de cómo en gran parte de los alumnos hay una fantasía salvadora de querer resolver los problemas relacionales en sus FO. Dicha fantasía es en general secretamente apoyada por sus familiares, sobre todo las madres, que han tomado al futuro terapeuta como confidente de problemas relacionares familiares o de pareja conyugal y parental. Es importante decir que sacar a la luz dichas motivaciones, en general no quita fuerza a la misma, sino que la reorienta de un modo más realista, liberando fuerzas para ponerlas al servicio del desarrollo del self profesional del terapeuta. – La confrontación directa con los familiares aumenta la comunicación intrafamiliar e ilumina algunos aspectos disfuncionales de cada familia, liberando al alumno del peso muchas veces sobrellevado en silencio de ser “el terapeuta fracasado” de su propia familia y permite en algunos casos emprender una resolución terapéutica con otro profesional. – El enfrentar en grupo estas problemáticas con otras familias enriquece la comprensión de los integrantes y potencia al grupo como factor de intercambio y de sinergia que convierte a cada integrante en un agente de cambio, y a los familiares en protagonistas de una experiencia compartida abriendo nuevos caminos de comunicación que continúan luego con sus propias fuerzas. – El desarrollo futuro de la formación podrá tener en cuenta el papel de la inclusión de las distintas familias como un recurso para facilitar la formación del alumno. Para un terapeuta familiar es obviamente su relación con su familia de origen y con su familia actual, la mejor fuente de experiencia para consolidar un Self personal valido para relacionarse con sus pacientes en una interacción dialéctica con el Self profesional. Esta interacción enriquece sus competencias sobre todo como ser humano, ya que se cura más por lo que se es que por lo que se hace.

NOTAS

(1) Framo, J.; 1968; Voices: The Art and Science of Psychotherapy, 4, 18-27.

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Gennaio 6, 2019

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