EL PADRE EN LA PSICOTERAPIA SISTÉMICA

Publicado en: VINCULARTE. Revista Clínica y Psicosocial. Año 1, Nº 1 (99- 108), II Semestre, del 2015.

CONFERENCIA (1)

TRATARÉ DE DARLES UNA PANORÁMICA Sobre un tema muy importante, la figura del padre en la psicoterapia sistémica. Por muchos años, hemos oído hablar de padres periféricos, marginales o ausentes; periférico supone tácitamente un centro, y quién ocupa ese centro es la madre. Y creo que esto tiene una razón de ser porque por centurias, por milenios, la división del trabajo se realizaba, como decían los romanos, pater – patrimonio, mater – matrimonio, casa e hijos, y esto ha sucedido por miles de años, a pesar de los 50 o 60 años de cambios importantes en la sociedad. Sobre todo por la gran nuclearización de la familia; la liberación femenina y el acceso al trabajo de la mujer fuera de casa, sumado al combate a la inequidad de la relación hombre- mujer en los últimos años, que ha sido muy importante, las feministas han hecho un trabajo importante, pero personalmente creo que hay una falacia en estos términos, porque hay un error de puntuación.

Tanto machismo como feminismo son lecturas equivocadas, porque se centran sobre el individuo y no en la relación, y creo que el gran tema es precisamente lo relacional. La relación de la pareja es central en la familia y en la arquitectura general que tiene la familia. Y esto demuestra un hecho extraño, pero que es coincidente tanto en América Latina como en Europa, que la pareja es la gran olvidada de la sociedad. Si ustedes se ponen a ver, cualquier persona incluso iletrada puede saber que si come grasas, fuma, hace vida sedentaria, el corazón sufrirá.. Del corazón de la familia que es la pareja, nadie habla. Cualquier persona sabe que si no cambia el aceite del motor de su auto después de 20 o 25 mil km, el auto se funde,pero la pareja no tiene el derecho de hacer un service, ni siquiera una vez al año. Osea, no hay modo de hacer prevención.

Yo creo que aquí hay una desgracia, que es la visión victimizada de la pareja, muy mediterránea, quizás medioriental, que yo creo que el mismo nombre lo dice ¿no? Cónyuges, en latín es cum- iugo, con el yugo. Los cónyuges son como los bueyes, que tiran de la carreta del peso de la familia, sin siquiera poder mirarse recíprocamente, hasta que uno de los dos cae. Fíjense qué dramático es ésto. Yo me preguntaba por muchos años ¿cómo puede ser que cuando hay un hombre o una mujer deprimida, su cónyuge – que sería su relación de más alto valor de solidaridad – en vez de apoyarlo, lo castiga? Y lo entendí, pensando, que si uno de los dos bueyes no camina, el otro tiene que tirar más fuerte, y entonces, ¡vamos con el látigo, arriba!

Entonces, creo que éste es uno de los más grandes problemas que tenemos en este tema y es el valor de la intimidad en la pareja – insisto en la pareja- porque yo creo que es el aspecto diferencial de la terapia familiar con las otras terapias grupales; el psicoanálisis, el psicodrama por ejemplo, miran al individuo, la terapia familiar es la única que sitúa como eje a la pareja. El ser humano se rige por dos grandes vínculos: el vínculo de filiación, que es sanguíneo, endogámico y muy fuerte, que une a los padres con los hijos, y a los hijos de los hijos; y el vínculo de alianza, que une dos personas distintas, dos representantes de dos sistemas familiares distintos; es un vínculo antropológico estructural, es un vínculo exogámico, y juntos estos dos vínculos se unen en el punto nodal del sistema trigeneracional, que es la pareja. La unión de estos dos vínculos, que son antitéticos pero complementarios. ¿Qué quiere decir esto? La luz y la oscuridad son antitéticas pero uno no existe sin la otra. Y estos dos vínculos son antitéticos pero complementarios, como el flujo y el reflujo del mar. Quiere decir que cuando una joven pareja se constituye, a medida que aumenta la intimidad y la complicidad, se va constituyendo en el sistema emocional y psicológico más importante del individuo adulto, de donde vendrán después los hijos. En la medida que este vínculo se refuerza y consolida, deberían debilitarse los vínculos de filiación con las respectivas familias de origen. Cuando esto no pasa, tenemos problemas sintomáticos clínicos y ahí entramos nosotros.

Decía Jay Haley hace muchos años, que cuando hay coaliciones intergeneracionales, hay siempre disfuncionalidad, o sea, que cuando uno de los miembros de la pareja tiene una relación muy fuerte con uno o varios miembros de su familia de origen, contra el otro cónyuge, va a haber siempre disfuncionalidad en la pareja.Esto no lo comprenderemos, si vemos a la pareja solamente en la dimensión diádica. Hace más de 35 años trabajo con parejas convocando a sus familias de origen alternativamente, sin la presencia de la otra pareja, asisto a confidencias increíbles que a veces los mismos miembros de la pareja no conocen, por tanto, ellos están enredados en un juego diádico, condicionados por hilos secretos detrás de cada uno de ellos. Si no los convocamos, no lo vamos a conocer.

Daré dos ejemplos muy claros de esto:

  • Cuando convoco a la familia de origen, mantengo el secreto profesional de lo que hablamos con cada grupo, para favorecer la intimidad con cada uno. Hace muchos años en Buenos Aires estaba siguiendo una joven pareja en crisis; había visto a la familia de él sin ella presente y estaba viendo a la familia de ella sin él presente. Cuando en cierto momento, se ponen a hablar entre sí de un precedente matrimonio de la mujer, de mi paciente, del cual yo no sabía nada, y el marido tampoco!. Así es que piensen ustedes que tipo de complicidad o intimidad pudo tener esa pareja. Si yo no los hubiera visto con las familias de origen, nunca lo habría sabido.
  • Segundo caso, más siniestro y más reciente, en Italia me viene a ver un hombre joven, 42 años, tenía una niña de 8 años, con la duda de separarse. Me cuenta que cuando se pusieron de novios, su novia era seropositiva y no le había dicho nada a él. Por lo tanto lo contagió. Lo peor del caso, es que toda la familia de ella lo sabía y nadie dijo nada, o sea que es un hecho delictivo, después le dieron dinero para poner una pequeña empresa y así lo compraron. La siguiente sesión que él vino con su madre, ella se acababa de enterar y se los quería “comer crudos”, a todos, porque naturalmente era una cosa terrible. Fíjense que también las coaliciones intergeneracionales se pueden producir entre un padre y un hijo contra la madre, o entre la madre y el hijo contra el padre. Esa disfuncionalidad generalmente la va a expresar el niño, que va a llegar a nosotros con problemas clìnicos

Entonces, el terapeuta tiene que conseguir una armonía relacional, que es la cosa mas difícil de nuestro trabajo, porque el predominio de los vínculos de filiación se va a hacer siempre presente, en cualquier caso que nosotros tengamos, individual, de pareja o familia, Cuando hay un predominio del vinculo de filiación, lo que el terapeuta tiene que hacer es chequear a la pareja para ver si puede mejorar la complicidad y la relación entre ellos, para reorganizar esta armonía perdida.

Entonces el valor de la intimidad en la pareja es un valor reciente en la sociedad. Hace alrededor de 30 años que se le viene dando una cierta importancia. Yo le digo a las jóvenes parejas que tengan un jardincito vallado, donde no entren ni la familias de origen ni los hijos. Les digo: quiten las malas yerbas, planten las plantitas y háganlas crecer, y a medida que crezcan los hijos, ensanchen ese vallado porque un día van a tener que vivir ahí… Esto no se hace en nuestra sociedad, es una tarea de prevención. Cuando la pareja llega a la etapa del nido vacío, se producen crisis muy importantes, es quizás el período más difícil de una pareja Yo he visto problemas de salud, económicos, alcoholismo, infidelidad, etc… con tal de no llegar a lo que ellos ven como un abismo, cuando a veces es un pequeño riachuelo que hay que atravesar. Si la pareja se decide y pasa, se ven otra vez juntos, recuperando la dimensión de la intimidad perdida, porque en 30 o 35 años no estuvieron nunca solos y comienzan a hacer nuevos proyectos, porque los hijos son fantásticos, pero te chupan la linfa ¿no?. Otras parejas llegan a ese momento y dicen: hasta acá hemos llegado, te agradezco y te saludo y cada cual se va por su proprio camino. Bueno, esta tarea de prevención deberìa hacerla la sociedad y en cambio no lo hace.

Por años he sugerido en seminarios, en Italia, que en cada unidad hospitalaria debiese haber un grupo de preparación para la convivencia, coordinado por un psicólogo y un asistente social, para ocuparse de los cuatro o cinco temas fundamentales de las parejas. Nadie lo hace. Nosotros hemos regalado a la iglesia un terreno extraordinario, porque han sido mas inteligentes que nosotros. Lógicamente, cada uno tira agua para su molino. Pero, desde una visión laica cada centro de salud mental debería tener su proprio grupo. Me canso de decirlo, me canso de mi mismo, y todavía no pasa nada. La única cosa que he leído hace un año atrás es que la Universidad de Yale decidió hacer un programa de prevención para parejas. Tomaban 200 parejas y las veían 2 veces por año, diagnosticaban los puntos flojos, lo que tenían que reforzar – como cuando uno lleva el auto al mecánico, te tienes que cuidar esto o lo otro- con un éxito rotundo, como era de imaginar.

Por tanto, el problema de la intimidad es importante. Yo quiero centrar de nuevo el tema en la pareja, en la relación, para salir de esa puntuación arbitraria que nos ha complicado la vida; hemos tenido desde hace 40 años la lucha de los sexos, que ha sido feroz, “La Guerra de los Roses”. Y eso es porque hay una puntuación equivocada, se ve el individuo y no la relación. No se ve que el gran problema es la relación entre generaciones, entre una generación autoritaria y una màs democrática. Eso es el verdadero punto donde tendríamos que centrar nosotros el objetivo, para salir de un error grosero que llevado a la terapia, complica muchísimo la vida. Por eso digo, estos padres injustamente tratados de periféricos, marginales o ausentes… yo he sido testigo del amor entrañable que muchos padres tienen por sus hijos y a veces no saben cómo decirlo, porque son analfabetos emocionales y hay que ayudarlos a que lo puedan decir, no saben si pueden decirlo o si deben decirlo, porque la dueña de casa que es la dueña de la familia; no se sabe si se lo permite o no. Además los hombres se autoanulan, llegan a la casa y cuelgan en un clavo su rol de padres, se quedan ahí, aparentemente en una posición pasiva dlegando en sus mujeres y los hijos crecen viéndolo así, y dicen “no es tan afectivo, o es desinteresado, nosotros no significamos nada para él”.

Yo creo que hemos hecho una terapia familiar demasiado materno-céntrica. Y creo que el esfuerzo hoy deberìa ser reducir este desequilibrio, no porque tenga nada en contra de la mujer, porque al contrario, la mujer es seguramente el motor extraordinario de la familia y de las terapias, el 80% son las mujeres que vienen a buscar cambios, los hombres están atrincherados en su “búnker”, asustados de estos cambios, y hoy en día por lo menos en Italia, las separaciones, la mayor cantidad la llevan adelante las mujeres. Así es que, según la visión de un psiquiatra de Stanford, lo mejor que puede hacer un hombre es casarse con una mujer que tenga muchas amigas, porque las mujeres son gregarias, se juntan y se ponen a charlar y elevan la serotonina, al hombre que es un poco más aislado, le conviene eso. Como dice una neurobióloga californiana– enfatizo que es mujer ehLouann Brizendine, que ha estudiado mucho los cerebros femeninos y masculinos, dice que son muy distintos. En el cerebro de la mujer, las zonas que expresan los sentimientos y el lenguaje se encuentran más tapizadas de neuronas que en el cerebro de los hombres. Brizendine expresa que la mujer habla por día una media de 20.000 palabras, y el hombre 7.000 u 8.000, porque su cerebro lo condiciona para esto. La queja absolutamente permanente en las terapias de pareja es que “él no habla”. Yo digo: pobrecito, no es que no quiera hablar, ¡es que no puede!….

Entonces ya tenemos ahí un tema, que la diferencia es importante señalarla, porque otro error grande que hemos vivido en todos estos años ha sido la homogenización. Confundir la paridad existencial entre el hombre y la mujer con la igualdad entre ambos, y eso es un error grosero, porque no somos iguales, somos complementarios. Por tanto, una terapia que pueda resaltar la figura del padre y de la madre en su relación, creo que es el foco central de una terapia. Yo creo que las feministas han hecho mucho, pero las feministas fundamentalistas son un mal, son un cáncer que tiene que desaparecer, porque lo único que han hecho ha sido poner al hombre en una posición ridícula, odiarlo en las terapias, y conseguir que se escapen más que nunca de las terapias.Como vemos hoy aquí, la proporción en nuestra profesiòn es prácticamente un 90% mujeres y un 10% de hombres.

Desde que empecé a trabajar con una pareja en esta profesión, han pasado 48 años , aunque ya era experto en parejas mucho antes, sin saberlo, de la pareja de mis padres, era terapeuta de parejas sin serlo todavía. Pero la primera pareja en tratamiento la tuve en junio del año ’67, así que en 48 años, por suerte muy intensos, he visto muchas cosas. Me gustaría compartirlas con ustedes, con los mas jóvenes, porque algunas de estas cosas no se leen en los libros, sino que se viven, y condicionan mucho nuestro trabajo. En estos años no sé cuantos centenares de congresos habré tenido, asistido, y he oìdo a muchísimas mujeres y hombres hablar sobre la inequidad entre hombre y mujer, las desigualdades y los errores cometidos incluso en las legislaciones en contra de la mujer. Pero en verdad nunca he oído, ni una sola vez, a una mujer hablar de los esfuerzos de los hombres, de por lo menos mi generación, por ser viriles sin ser machistas. Y esto no es gratuito, hemos tenido que luchar mucho nosotros también.

Cuando tuve los primeros hijos con mi mujer y los llevaba en el cochecito, no había hombres que lo hicieran. Hoy no ves un solo padre que no lleve el cochecito, pero en aquel momento no era fácil. Yo cuento una anécdota porque mi familia paterna es del Piamonte, Italia. Cuando nuestra primera hija, tenía 1 año (hoy tiene 42) fuimos a Italia, y durante un fin de semana fuimos a visitar a los primos de mi padre que tenían una granja, muy bonita que venían trabajando hacìa tantos años. Entonces mi mujer estaba embarazada del segundo hijo, y nos recibieron como huéspedes de honor, una gran mesa donde estaban sentados todos los hombres y las niñas pequeñas, pero no las mujeres, ellas estaban en la cocina preparando la comida. Yo estaba sentado a la cabecera de la mesa y a mi lado, pero no sentada a la mesa ,la matriarca, una viejita adorable. Llevan la fuente y me la pasan a mi. Yo tomo la fuente y la paso a mi mujer como era nuestra costumbre en Argentina. Me miraron medio raro. Una media hora después se despierta la niña con hambre y yo me levanto a darle un biberón. ¡Dios mío, ya no entendían nada!. Entonces eran esfuerzos que los hombres adultos criticaban y te miraban mal si uno hacía esto, que hoy es normal. Yo veía a mi hijo cuando su mujer estaba embarazada y él le hablaba en la panza al hijo, que ahora tiene 3 años, y me emociono muchísimo porque valía la pena haber luchado por esto.Pero lamentablemente nunca oí a una sola mujer decir esto. Tenemos que ser justos para un lado y para el otro. Entonces esta armonía relacional, que es un aspecto central de la terapia que no es fácil respetar, pero es importante defender la intimidad de la pareja, porque es la parte de la sociedad más castigada, donde habrìa que promover la prevención, que hoy no se hace.

Fíjense ustedes que el comienzo de la debilitaciòn de la familia en los últimos 50 años, coincide con el nacimiento de la sociedad de consumo. Si ustedes piensan, lo primero que ha consumido esta sociedad son los padres. Porque cómo hace un obrero o un artesano hoy en día para pagar a su hijo un teléfono o un computador, nuevos software, etc. Los hijos miran a los padres y consideran que no sirven para nada y lo saltan por delante y van hacia el desastre, hacia la diáspora del web. Yo creo que la sociedad de consumo ha destruido a la familia. Aunque por fortuna la crisis actual está fomentando de nuevo la solidaridad. Por ejemplo en el 2001 en Argentina que hubo una famosa crisis económica, yo vivía en Italia pero mis cuñados me decían que hacia la tarde se veía una masa informe de gente que iba a los tachos de basura para buscar un poco de comida, nunca antes sucedido en Argentina, pero tampoco nunca pasó que las familias burguesas cocinaran para ellos y bajaran a comer con ellos, porque decían “hoy les tocó a ustedes y mañana nos tocará a nosotros”, esto tampoco nunca había pasado.

En Italia muchos pacientes me dicen “yo me desperté de un sueño loco en el que lo único que contaba era el dinero” y hoy en día están recuperando sus afectos, familias y amigos. Así que la crisis conlleva a un aspecto positivo de solidaridad social.

Pero volvamos al padre periférico y marginal en psicoterapia.. Muchos padres entran al consultorio y me dicen, de pie antes de sentarse “yo no creo en esto, pero vengo por mi hijo”. Muchas veces se van agradeciéndome el encuentro habido. Quiere decir que, debemos comenzar a elaborar estrategias de convocación de los padres que sean más eficaces. Por ejemplo, digo a mis pacientes “si quieres hablar con tu padre, ve a visitarlo a su escritorio, a su oficina, o anda a tomar un café afuera de la casa, ahí vas a encontrar a tu verdadero padre”. Entonces, creo que si los terapeutas no son ayudados a elaborar bien la figura del padre en su formación y se les hace difícil convocar bien al padre de una familia. Por eso el trabajo del taller multifamiliar de las familias de los terapeutas – como decía esta mañana Freddy (2) es muy importante, porque estamos involucrados nosotros mismos en lo que hacemos, nosotros operamos con nosotros mismos, con nuetros propios sentimientos, no tenemos instacias intermediadoras como el bisturì o el microscopio. Es muy importante para entender esto, para empezar a cambiar, y en cierto sentido hacer mas armónica la terapia que pueda convocar a los padres y a los hermanos.

Yo prefiero trabajar separadamente por parejas, por díadas. Cuando toca invitar al padre es un trabajo fenomenal a veces, porque dicen “ah, es el padre, jamás va a venir acá”. Muchas veces, cuando tenemos suerte de que pueda venir y pueda establecer una relación persona a persona con su hijo, se producen vuelcos fenomenales en las terapias. Voy a hablar de un caso muy difícil. Hace tres años me convocó un psiquiatra con quien a veces colaboro, jefe de servicio de psiquiatría, para que le ayudara en un caso muy difícil. Él estaba atendiendo una asistente social, que se había tirado desde 17 metros en un intento de suicidio. Tuvo la suerte de caer sobre un hierro,que sostenía una estructura, con la suerte de que eran dos caños uno metido dentro el otro, que se abrió con el peso del cuerpo. Si no es por eso, se hubiese cortado las piernas porque 17 metros son seis pisos. Pero quedó con las dos piernas rotas, enyesadas, fue un caso muy grave, y él me pidió que colaborara con la terapia familiar. Yo empecé a ver la pareja, ella estaba muy deprimida y no hablaba. Su marido era un torrente de palabras que no se lo podía parar, recién en la segunda sesión lo hice y le dije “deje de hablar un poco, porque ella está cada vez mas sepultada por sus palabras”, la ansiedad la volcaba de esa manera. Esta muchacha de 36 años, hija única, de padres separados, había vivido toda su vida con una madre deprimida que todos los domingos a las 8 de la mañana salía con ella a caminar por dos horas, volcándole todos sus problemas. Y ella resignadamente, porque creía que su función era esa, escuchaba y absorbía toda esa depresión materna porque contribuía como hija única a ésto. El padre era un padre periférico, marginal. Cuando yo le dije que teníamos que invitar a sus padres a venir a la sesión, ella creía que no iban a venir jamás, su padre era un carpintero jubilado que según ella, no iba a venir nunca. Bueno, yo insistí porque creo que es mi obligación ser directivo en la convocación y ser muy neutral respecto al resultado, porque eso no depende de mí sino de ellos, pero de mí depende que yo insista en que se produzca el encuentro emocional. Y para eso, utilizo una de estas técnicas que he mostrado en estos años, que se llama “la mochila” y que consiste en un encuentro del paciente con sus padres, para conseguir un intercambio de dones que facilite la diferenciaciòn del joven adulto de su familia de origen Preferentemente en los últimos años, lo estuve haciendo separadamente con padre y con madre, porque busco una relación “persona a persona”, y no “rol a rol”. Entonces así hice con esta muchacha, vino la madre y cuando se hizo la mochila, surgió un aspecto insospechado de la madre. Ella tenía sí una depresión, pero una depresión parcial de su vida, era sólo en contacto con su hija, pero fuera no, era más activa. Tal es así, que le dió a su hija, como don, sus ganas de cambiar, su fe en el futuro, cosas insospechadas para una depresiva. Pero ella le hizo entender muy bien que esa madre que tenía en su cabeza, no estaba completa, como la vió en ese encuentro.

En otra sesión fue el momento del padre, este hombre estaba muy turbado, muy emocionado con lo que había pasado con su hija, no lo podía entender, era una cosa gravísima, porque salvó la vida por milagro. Cuando los hago tomarse las manos y mirarse a los ojos, le pido al padre que deje dos o tres cosas de sí mismo, que él considere positivas de su propio carácter , que haya construido en la vida, para darlas como don a su hija, que ella lo llevará en su mochila en el largo camino de la vida, y cuando tenga necesidad tomará lo que su padre le ha dado y lo hará suyo. Este hombre le dio su gran apego al trabajo, y cuando le dijo “te doy el amor que tengo por ti para que lo des a tus hijos, el amor enorme que he tenido siempre por ti y que nunca te lo he dicho” se puso a llorar de un modo desgarrador. Se abrazaron llorando ambos, y yo me conmuevo recordándolo todavía hoy. Bueno, terminó esa sesión y , al poco tiempo la paciente le dijo a su terapeuta individual: “cuando hice ese encuentro con mis padres tuve un clic en mi cabeza que me hizo pensar que me podía curar…” Y así fue, ella se curó, volvió a la casa con los hijos, está muy bien y está ayudando ahora mucho a su marido que tiene crisis de pánico frente al cambio de ella. Y ahora lo estoy ayudando con su familia de origen, porque él pertenece a una empresa familiar que lo ha tenido siempre muy aprisionado, es hijo de una madre huérfana de los 5 años, que tiene estos dos hijos como si fueran todavía de pecho. Pero ella está ayudando mucho a su marido, yo creo que él está mucho mejor y van a salir muy cambiados de esa experiencia.

Por eso digo que la posibilidad de traer a esta persona, que se ha considerado periférica, marginal, ausente, que es un desconocido, podremos disolver los prejuicios que nacen de la ignorancia. Si nosotros conocemos a aquellas personas hacia quienes tenemos prejuicios, y podemos desarrollar un vínculo de cercanía, no vamos a tener más prejuicios porque la base del prejuicio es el desconocimiento. Y el padre es una persona olvidada.

Entonces para el equilibrio emocional que tenemos que lograr, hay que pensar de otra manera. Y yo creo, que una manera importante ha sido poner al terapeuta en juego con su propia familia de origen, para que pueda entender mejor lo que tiene que hacer, y para que su empatía tenga un valor transformador. Entonces para esto tenemos que cambiar también nuestra mente. Si nosotros no tenemos este constructo introyectado, como suele pasar también con el abuso sexual, pasará un elefante a nuestro lado y no lo veremos. Es lo que tenemos que hacer, respecto a estas figuras olvidadas. Es un poco mi aporte de hoy para esta función importante que nosotros tenemos en la sociedad, porque nuestro trabajo se apoya mucho sobre una vocación que es una función de ayuda. Yo creo que un ingeniero o un contador, si lo ponemos a hacer nuestro trabajo después de una semana, lo tenemos que internar, porque su mente no lo puede tolerar.

¿Cómo hacemos –por lo menos yo que llevo 48 años trabajando intensamente- para conservar el mismo entusiasmo cuando vemos una familia, o una pareja? Creo que también es porque desarrollamos una profesión de ayuda. Esto en el aprendizaje psicoanalítico era entendido como una enfermedad. Yo trabajé con psicóticos y con familias muchos años, y en la tiranía Freudo-kleiniana de los años sesenta, cuando yo me formé psicoanalíticamente, si uno trabajaba con psicóticos y con familias era porque estaba enfermo, y tenía que curarse en su análisis terapéutico y luego didáctico. Con familias casi nadie trabajaba, casi no había terapia familiar en esa época, y uno tenía que seguir una cadena de montaje de varios años que te llevaba a ser un terapeuta que trabajara con personas no demasiado graves, en un consultorio privado, ese era el target del psicoanálisis. Había un libro en esos años que hablaba de las “condiciones de analizabilidad de los pacientes”: no tenía que tener grandes problemas psíquicos, no podía tener más de cuarenta años, tenía que tener autonomía económica, en fin… tenían que ser sanos.

Y yo veía y me formé por suerte con los pacientes más desahuciados que habían, las esquizofrenias o psicosis afectivas mayores con que comenzamos a trabajar con ellos y con las familias en Buenos Aires, ya en el año 67 en el Hospital Neuro-psiquiátrico, y en 1968 cuando fundamos una clínica destinada a este trabajo. Entonces yo, que me había largado con mucha pasión a trabajar con las familias y los psicóticos, no era ayudado con esta formación. De hecho me fuí de la asociación psicoanalítica, seguí con supervisores que yo estimaba que me podían ayudar, pero desconfié de esta formación ortodoxa, porque la ortodoxia lo único que hace es afirmar vínculos de poder en las instituciones, pero no tiene nada que ver con la terapia. Los pacientes psicóticos a mi me enseñaron muchísimos, tuve muchos maestros pero ellos fueron los mejores maestros, porque a través de su propio sufrimiento me ayudaron a saber cómo tratarlos. Por eso Freddy nombraba esta mañana el hecho de que yo pienso que somos “terapeutas fracasados de nuestras familias de origen”, que de alguna manera nos dicen: “fórmate e infórmate para ver cómo estamos, aunque con nosotros no podrás”, este doble mensaje existencial es muy fuerte, hay que poder sobrepasarlo para poder ayudar a otras familias que nos dirán: “Ayúdanos a resolver el problema sin cambiarnos”, pero es más fácil enfrentar este doble mensaje técnico que el doble mensaje existencial de nuestras familias. Pero la cosa interesante es que muchas veces el paciente index o designado es también un terapeuta fracasado de su propia familia. Muchas veces la unión de dos terapeutas fracasados en una posición isomórfica y especular, puede ser el inicio de un éxito terapéutico, si nos dejamos llevar de la mano humildemente, porque los pacientes saben muy bien después de tantos años de convivencia dónde está el sufrimiento de cada uno de sus familiares.

Entonces digo y termino con esto, que la profesión de ayuda es una valencia muy importante que era considerada negativa por el psicoanálisis. Yo me analicé seis años a cuatro sesiones por semana, por tanto tengo el derecho moral de decir lo que digo, porque lo viví de adentro, pero sobre todo porque vi cómo se trataba por años a pacientes también a cuatro sesiones por semana, que es una locura, y todavía hoy se sigue haciendo. Entonces, creo que esto es parte de un recorrido personal que cada terapeuta tiene que hacer, y entonces aceptar que esta elección, esta profesión de ayuda, es una posición existencial que el terapeuta tiene, es una marcha más que tenemos del común de los mortales, porque como decía antes, normalmente la gente fuera de nuestra profesión no aguantaría. Pero también tenemos una marcha en menos de los comunes mortales, porque nosotros no somos como los otros. Por ejemplo: si yo voy a una fiesta y conozco personas me dicen “¿y qué haces tú?” digo “yo soy médico”…a ver si pasa, pero ellos dicen “¡ahh qué interesante eh! Y ¿qué especialidad tiene?” y digo “soy psiquiatra, terapeuta” y dicen “¡ahhh ahhh, qué interesante ehh!” y retroceden y uno se queda aislado, ¿no?, porque somos como los chamanes que viven fuera del pueblo. Así que tenemos que aceptar la marcha en más y la marcha en menos, pero aceptando esta comprensión profunda de lo que es la profesión de ayuda, se convertirá en una valencia importante en nuestras terapias, y creo que tenemos que revalorizar nuestro trabajo y poder ayudar a los demás para poder dormir tranquilos, para sentir que la elección vocacional ha tenido un sentido, a pesar de lo difícil que es. Bueno, esto es lo que les quería aportar hoy, muchas gracias.

NOTAS

(1) Conferencia dictada por el doctor Alfredo Canevaro en el contexto de la Jornada Clínica y Psicosocial: “La familia de origen: un gran recurso para la diferenciación de los consultantes y terapeutas” que se realizó en Santiago de Chile, los días 9 y 10 de Julio del año 2015, con motivo de la celebración de los 15 años del Instituto Humaniza. Publicada con la autorización del conferencista y la revisión de la Psicóloga Patricia Bravo.

(2) Freddy Orellana, quién había dictado junto a Astrid Martin, la conferencia “La Persona del Terapeuta y su Origen. La inclusión de las Familias de Origen y su Impacto en el Desarrollo del Self Profesional de los Terapeutas del Instituto Humaniza Santiago”, incluida en el presente número de la Revista Vincularte.

enero 6, 2019

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